sábado, 23 de marzo de 2013

Respuestas pendientes


La lógica del amigo-enemigo. Siempre vigente. Presta para aparecer en cualquier circunstancia y para actuar en diferentes ámbitos: político, social, cultural, deportivo… No desperdicia ninguna ocasión. Sabe usufructuar cada oportunidad. Se impone con una fuerza arrolladora capaz de anular posturas que no le sean funcionales.  La violencia del discurso (cuando no física), el deseo de implantar un determinado punto de vista y la imposibilidad de dialogar y aceptar errores (o engaños)  son elementos constitutivos -y necesarios- que interactúan y se complementan, a fin de lograr que el mecanismo accione correctamente. Frente a los diferentes acontecimientos que diariamente apreciamos a través de los medios de comunicación tradicionales y/o redes sociales, es oportuno volver a preguntarse si el modus operandi de este método repercute en los habitantes argentinos y en qué medida somos permeables a su influencia.  ¿Podemos  analizar cada situación de manera crítica?, ¿cuestionamos la validez de nuestros pensamientos y los conocimientos adquiridos en distintos tópicos?, ¿ establecemos acuerdos con personas que piensen distintos – encontrando en la diversidad una manera de enriquecerse y crecer- ?, ¿sabemos o aceptamos reconocer que fuimos estafados intelectualmente por personas con sombríos intereses?, ¿esquivamos la tentación de apelar a frases remanidas ( “respeto tu opinión, pero no la comparto”, por ejemplo), si las mismas son utilizadas como excusa para no dar el brazo a torcer frente a la irrefutabilidad de una prueba que evidencia el error de lo que creíamos como cierto, sea por ignorancia o desconocimiento? Los interrogantes son viejos, se han planteado miles de veces,  y tal vez tenga escaso valor práctico formularlos de nuevo. Pero quizás no… quién dice que  aburridos de la polarización, de la fragmentación, de las constantes peleas, del agravio permanente y de la repetición cíclica de oscuros acontecimientos, nos decidamos a salir de la apatía, elaborar las  respuestas pendientes y aprender de  los errores del pasado  para no volverlos a cometer en el presente; apoyados en la fuerte convicción de que está en cada uno de nosotros beneficiarse de la variedad de razonamientos(fortaleciendo, a la par, el propio),  y en el entendimiento de que podemos debatir y elaborar argumentos sólidos sin recurrir al insulto, a fin de que los problemas que nos aquejan como sociedad puedan afrontarse y resolverse gradualmente(con madurez), independientemente del tiempo que nos demande construir alternativas coincidentes con nuestros anhelos. ¿Obtendremos los resultados esperados? No lo sé… pero sí estoy seguro que se habrá ganado mucho con el solo hecho de intentarlo. 

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